Imperio romano

Un imperio extendido desde la península ibérica hasta Mesopotamia, desde la isla de Gran Bretaña hasta el antiguo Egipto; un legado inmortal que vive hasta nuestros días y que, sin duda alguna, marcó el destino tanto de Europa como del mundo entero. Esa es la historia del Imperio romano y, en el siguiente artículo, os la contamos.

Fecha y duración del Imperio romano

Imperio romano (27 a. C. – 395 d. C.)

El Imperio romano se extendió desde el año 27 a. C., con el nombramiento de Octaviano como Imperator Caesar Augustus de Roma por parte del Senado, hasta el año 395 d. C., con la división del imperio en dos, Oriente y Occidente, por el emperador Teodosio I el Grande.

En total, el Imperio romano se mantuvo unificado por 422 años.

Imperio romano de Occidente (395476)

El Imperio romano de Occidente se extendió desde el año 395, con la división final entre Oriente y Occidente, hasta su caída definitiva el 4 de septiembre del 476, fecha en la que Odoacro, un subordinado del comandante del ejército italiano, depuso al emperador Rómulo Augústulo mediante un golpe de Estado.

En total, el Imperio romano de Occidente tuvo una duración de poco más de 101 años.

Imperio romano de Oriente o bizantino (3951453)

Luego de que el Imperio romano fuese fraccionado en el año 395 por el emperador Teodosio I el Grande, el Imperio romano de Oriente, que inició el emperador Arcadio, se mantuvo en pie por poco más de un milenio, específicamente, por 1.058 años.

La caída definitiva del Imperio romano de Oriente tuvo lugar el 29 de mayo de 1453 a manos de los turcos otomanos.

Ubicación geográfica del Imperio romano

En su máxima extensión, el Imperio romano ocupó varios continentes. En concreto, habría que mencionar Europa, el norte de África y Oriente Próximo.

Mapa del Imperio romano
Mapa de la máxima extensión del Imperio romano (color rojo) y de sus estados vasallos (color rosa), algo que sucedió en el año 117 d. C. (época del emperador Trajano). Imagen de Wikipedia.

Se cree que llegó a abarcar cinco millones de kilómetros cuadrados, siendo su población de alrededor de sesenta millones de habitantes (lo que equivaldría a entre una sexta o una cuarta parte del total de la población mundial).

Antecedentes del Imperio romano

El origen de Roma: Monarquía romana

Según la tradición romana, el origen de Roma se remonta los hermanos gemelos Rómulo y Remo, quienes, siendo apenas unos bebés, fueron amamantados por la loba Capitolina.

Años más tarde, Rómulo mataría a su hermano, para, después, fundar la ciudad de Roma sobre el monte Palatino, proclamándose rey del incipiente reino.

Esta primera etapa de Roma, conocida como la Monarquía romana, llegaría a su fin con la expulsión del último y séptimo de los reyes de Roma, Tarquinio el Soberbio, en el año 509 a. C.

Tras esto último, Roma abandonaría para siempre el sistema monárquico, adoptando en su lugar al sistema republicano.

La expansión de Roma: República romana

Durante la República romana, dentro del marco de las guerras púnicas (esto es, entre los años 264 a. C. y 146 a. C.), Roma lograría derrotar a su principal competidor, la ciudad púnica de Cartago, en tres ocasiones.

La derrota de los cartagineses y la pérdida de su influencia sobre la cuenca del Mediterráneo marcaría el inicio del expansionismo romano. Sicilia, Sardinia, Córcega, Hispania e Iliria fueron los primeros dominios romanos obtenidos más allá de sus fronteras naturales en la península itálica.

Cicerón denuncia a Catilina
Cicerón denuncia a Catilina, fresco de Cesare Maccari de 1889.

Con el pasar de los años, los dominios romanos se hicieron tan extensos que pronto fueron difícilmente gobernables por un senado incapaz de abandonar la comodidad de Roma y de tomar decisiones con rapidez y tenacidad.

La ineficiencia de los senadores daría paso al surgimiento de personajes sumamente ambiciosos, como el general Julio César, por ejemplo, quien no sólo ampliara los dominios de Roma al conquistar la Galia (véase: guerra de las Galias), sino que, además, desafearía la autoridad del Senado de Roma al exponer la importancia que tenía poseer la autoridad sobre las legiones romanas si se deseaba obtener gran fama y rédito político.

Origen del Imperio romano

Tras coronarse como el vencedor de la guerra civil y derrotar a Pompeyo y al Senado, César se erigió como el mandatario absoluto de Roma, haciéndose nombrar a sí mismo Dictador Perpetuus.

Las acciones de Julio César no fueron bien recibidas por el sector más intransigente del Senado romano, por lo que, poco tiempo después, y tras haber preparado una conspiración en su contra, lo asesinaron durante los idus de marzo dentro del propio senado, algo inimaginable para el confiado dictador.

Asesinato de Julio César
Asesinato de Julio César, pintura al óleo de Karl von Piloty del año 1865.

Tal cobardía no pasó desapercibida para el hijo adoptivo de Julio César, Cayo Octavio, quien, en poco menos de dos décadas, lograría convertirse en el primer emperador de Roma tras derrotar en las batallas de Filipos a los asesinos de su padre, Casio y Bruto, y, más tarde, a la dupla conformada por su antiguo aliado Marco Antonio y la reina Cleopatra VII de Egipto en la batalla de Accio.

Al regresar a Roma, tanto el poder como la influencia de Octavio sobre las legiones eran inconmensurables. Por si fuera poco, el precedente que sentó el magnicidio de César había hecho de Octavio un gobernante desconfiado; los senadores lo sabían.

Por tal motivo, en el año 27 a. C. el Senado romano decidió otorgarle a Octavio, ahora llamado Augusto, el título de Imperator Caesar Augustus, convirtiéndolo en el comandante absoluto de todos los ejércitos.

Etapas del Imperio romano

Desde Augusto hasta Nerón: dinastía Julio-Claudia

Los primeros emperadores desde Augusto hasta la muerte de Nerón, esto es, entre el año 27 a. C. y el año 68 d. C., formaron la dinastía Julio-Claudia (Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón).

De los cinco reinados, los más recordados, y no precisamente por acciones loables o plausibles, fueron los de Calígula y Nerón, especialmente el de este último, el cual se asocia comúnmente a la tiranía, la extravagancia e, incluso, la psicopatía.

El remordimiento de Nerón tras al asesinato de su madre
El remordimiento de Nerón tras al asesinato de su madre, pintura al óleo de John William Waterhouse del año 1878.

Según los historiadores clásicos, Nerón asesinaba sistemáticamente a sus detractores; de hecho, se cree que asesinó a su propia madre. Por otra parte, se dice que, mientras Roma ardía en llamas a mediados de julio del año 64, Nerón contemplaba tal calamidad desde la distancia tocando la lira.

Desde el año de los cuatro emperadores hasta la dinastía Antonina

Luego de que Nerón fuese declarado enemigo público y de que este último cometiese suicidio en el año 68, tendría lugar el año de los cuatro emperadores (Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano), un periodo sumamente convulso de reinados efímeros.

El último de los emperadores del año 69, Vespasiano, fundaría la dinastía Flavia, de la cual se pueden destacar la construcción del Coliseo o Anfiteatro Flavio y la conquista romana de Britania.

La dinastía de los Flavios fue sucedida por la dinastía de los Antoninos, la cual gobernó a Roma durante casi todo el siglo II. Sus siete emperadores (Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío, Lucio Vero, Marco Aurelio y Cómodo) trajeron la época dorada a Roma.

La justicia de Trajano
La justicia de Trajano, pintura al óleo de Noël Hallé (año 1765).

El último de los llamados cinco emperadores buenos de la dinastía Antonina, Marco Aurelio, fue sucedido por su hijo natural, Cómodo. El reinado de este último marcaría el fin de la Pax romana y daría paso a la reaparición de conflictos internos dentro del gobierno romano.

Desde el año de los cinco emperadores hasta la crisis del siglo III

Tras el asesinato de Cómodo a manos de su guardia pretoriana, el Imperio romano quedó sumido en un periodo de inestabilidad, confrontación civil y reinados efímeros.

De alguna manera, el Imperio romano encontraría cierta estabilidad durante el gobierno de Alejandro Severo; sin embargo, este, al igual que Cómodo y muchos otros emperadores, sería asesinado a manos del ejército.

La muerte de Alejandro Severo daría paso a la crisis del siglo III, un periodo de cuarenta y nueve años caracterizado por una andanada de ataques de pueblos exteriores y una fuerte crisis política, económica y social en el interior del Imperio romano.

Políticos del Imperio romano
Ilustración de unos políticos del Imperio romano, obra de Jacques Grasset de Saint Sauveur (año 1796).

La crisis del siglo tercero (235284) sería abarcada casi en su totalidad por una fase de anarquía militar, en la que la seguridad y la unidad de Roma se vieron gravemente comprometidas.

Ante tal situación, diferentes emperadores de origen ilírico y danubiano lograron reunificar el imperio y sentar las bases para restablecer el orden.

Desde Diocleciano hasta Constantino el Grande

El ascenso de Diocleciano al trono pondría fin, momentáneamente, a la inestabilidad política en Roma. Para lograr tal proeza, antes debió comprender que, dada la enorme extensión territorial de Roma, era necesario dividir el imperio en provincias, las cuales fuesen más estables y, por tanto, más gobernables.

Esta época sería conocida como la Tetrarquía y, si bien fue útil mientras Diocleciano estuvo al mando, colapso apenas este abdicó.

El emperador Constantino observa la visión de la cruz
El emperador Constantino observa la visión de la cruz en esta ilustración de Tancredi Scarpelli (finales del siglo XIX o principios del siglo XX).

La abdicación de Diocleciano derivaría en una encarnizada lucha entre gobernantes en la que solo podía quedar un emperador. Este fue Constantino el Grande, quien tras vencer a cada uno de sus contrincantes y poner fin a la guerra civil, abolió definitivamente a la guardia pretoriana y legalizó el cristianismo por medio del edicto de Milán en el año 313.

Asimismo, Constantino el Grande sería el encargado de convocar el primer concilio ecuménico universal en Nicea en el año 325. En dicho concilió se unificaron los dogmas del cristianismo y se sentaron las bases del credo niceno-constantinopolitano.

Tal fue el aporte de Constantino I para el cristianismo que, en la actualidad, es considerado un santo por la Iglesia ortodoxa y por las Iglesias católicas orientales.

Por otra parte, durante el reinado de Constantino I tendría lugar el traslado de la capital del Imperio romano a la antigua ciudad de Bizancio, la cual, tras ser reconstruida y ampliada por órdenes del emperador, paso a denominarse Constantinopla.

Desde Teodosio I hasta la caída de Oriente y Occidente

Cuando Teodosio I asumió como emperador en el año 379, el Imperio había entrado en un declive del cual parecía no haber salida alguna. Una de sus primeras medidas fue la promulgación del edicto de Tesalónica, un decreto mediante el cual el cristianismo niceno se convertía en la religión oficial del Imperio.

Poco antes de morir, Teodosio I decidió dividir administrativamente al Imperio romano en dos mitades repartidas entre sus dos hijos. Arcadio, el hijo mayor, recibió el Imperio de Oriente, mientras que Honorio, el hijo menor, recibió el Imperio de Occidente.

Mapa de la división del Imperio romano en el año 395: Imperio romano de Occidente (color rojo) / Imperio romano de Oriente (color morado). Imagen de Wikipedia.

Caída del Imperio romano de Occidente

El Imperio romano de Occidente, terriblemente desgastado por las incesantes incursiones de los pueblos barbaros (hunos, ostrogodos, visigodos, vándalos, etc.) y el malestar social por la nefasta gestión de las tierras, desapareció en el año 476 con la deposición de su último emperador: Rómulo Augústulo.

La caída de Occidente marcaría el final de la Edad Antigua y el inicio de la Edad Media.

Caída del Imperio romano de Oriente

El Imperio romano de Oriente o bizantino, a diferencia de su homólogo de Occidente, perduraría por poco más de un milenio (1058 años). Con el pasar de los siglos, el Imperio bizantino abandonó el latín y terminó por adoptar el idioma griego como oficial.

Su influencia y hegemonía sobre la cuenca del Mediterráneo llegaría a su fin en el año 1453, fecha de la caída de Constantinopla, la actual Estambul.

Para algunos historiadores, la caída de Constantinopla y el colapso del Imperio bizantino marcó el final de la Edad Media y dio inicio a la Edad Moderna.

Características del Imperio romano

Expansionismo y Pax Romana

En su época dorada, el Imperio romano estuvo en constante expansión. Este crecimiento paulatino no fue impedimento para que reinase la paz dentro de las fronteras del imperio durante la dinastía de los antoninos.

Carrera de carros durante el Imperio romano
Ilustración de una carrera de carros, obra de Peter Jackson (finales del siglo XX).

Este periodo, conocido como la Pax Romana, permitió alcanzar al imperio su máximo desarrollo económico, comercial y territorial, logrando dominar, en la cúspide de su poder, tres continentes: Europa, Asia y África.

Arquitectura e ingeniería

La mayor evidencia del incomparable poder del Imperio romano es, quizás, su arquitectura y su ingeniería. Anfiteatros, circos, teatros, ternas, acueductos (como el acueducto de Segovia), calzadas, templos, basílicas y enormes urbes son, sin duda, el más claro ejemplo de cuán impresionante podía llegar a ser el imperio hegemónico por excelencia de la antigüedad en Occidente.

Derecho romano

Hoy día, se considera al derecho romano uno de los más importantes cuerpos de legislación de la humanidad, así como también el primer ordenamiento jurídico de Occidente y, además, la base del derecho actual. Se trata, por tanto, una de las mayores herencias del Imperio romano.

Legiones y legionarios

El ejército imperial de Roma estaba formado por 30 legiones de unos 5.300 hombres cada una. Asimismo, cada legión se dividía en 10 cohortes y estas, a su vez, en centurias. La centuria era la unidad básica de infantería. Por su parte, cada centuria constaba de 80 hombres y era comandada por un centurión.

Centurión romano

Las legiones romanas se diferenciaban del resto de ejércitos barbaros de la época por lo meticuloso de sus requisitos. Así, por ejemplo, no todo residente de un dominio romano podía formar parte del ejército, mucho menos los esclavos. Los únicos que podían entrar al ejército imperial eran los ciudadanos romanos; esta era una condición indispensable.

Estamentos sociales

En términos sociales, el Imperio romano hacía gala de una sociedad estamental, un elemento distintivo de la Edad Antigua y el Medioevo. En total, la sociedad romana se dividía en tres clases sociales:

  • Los patricios pertenecían a las familias más antiguas de Roma, conformaban la aristocracia y, como tal, poseían privilegios (principalmente, en términos de poder político).
  • Los plebeyos solían ser campesinos, artesanos, comerciantes y legionarios.
  • Finalmente, los esclavos, al ser prisioneros de guerra, no poseían ningún derecho; de hecho, se podría decir que el destino de estos dependía de la benevolencia o la crueldad de su amo, siendo que, en ocasiones, podían ser utilizados para satisfacer las ansias de diversión del emperador y del pueblo, obligándolos a luchar entre sí a muerte.

Referencias:

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