Cristianismo

La llegada del cristianismo significó una revolución religiosa para el mundo de Occidente. Más que un profeta, Jesús de Nazaret produjo un cambio radical en la estructura de pensamiento que había para la época en la que vivió. Tiempo después de su llegada, los adeptos a su fe comenzaron con la Iglesia católica una institución que terminó de cumplir un rol trascendental en el trascurso de la historia del mundo.

Origen del cristianismo

Para hablar de los orígenes del cristianismo es preciso partir de Jesús de Nazaret o Jesucristo, como también se le conoce. Este profeta nació en el territorio que hoy es Palestina, en el año 753 desde la fundación de Roma.

Su llegada marcaría el comienzo de la era cristiana para Occidente, siendo su nacimiento el año cero y los sucesos históricos que ocurrieron antes de este conocidos como antes de Cristo, y los posteriores como después de Cristo.

La zona de Palestina había sido invadida por el Imperio romano desde el 63 a.C. y, para el nacimiento de Jesús, el emperador romano era Augusto. Según los textos contenidos en la Biblia, principal documento de la fe cristiana en donde se expresa su historia y doctrina, desde el momento de su nacimiento Jesús fue perseguido por los romanos.

Cuando este creció se convirtió en un profeta y fue ganando adeptos e impartió su pensamiento, el cual era monoteísta y con bases principales de la religión judía. Al desafiar al Imperio romano, fue sentenciado a ser crucificado, pero tras su muerte sus seguidores continuaron expandiendo sus ideales.

Uno de estos seguidores fue Pedro, a quien Jesús encargó la construcción de su iglesia, la cual se denominó como católica. Pasarían los siglos y Constantino, emperador romano, tomó la religión católica como suya y del imperio, siendo el obispo de Roma quien dirigiría a los católicos del mundo entero y pasando a llamarse papa o sumo pontífice.

Con el paso del tiempo, la Iglesia católica iría tomando cada vez más poder cultural en el Imperio romano y sus territorios hasta que, con el comienzo de la Edad Media, su jerarquía influía ya directamente en la dirección del imperio mismo.

El cristianismo y las Cruzadas

Para el siglo XI, el poder de la Iglesia católica era indiscutible. Esta había trascendido de ser simplemente una institución religiosa y espiritual hasta convertirse en un órgano con poder político, económico e incluso militar. Esta condición fue precisamente la que le permitió promover las guerras religiosas que se conocieron como Cruzadas.

En total se llevarían a cabo nueve cruzadas o guerras santas entre los años 1096 y 1272. Estas consistían en expediciones y contiendas militares entre dos bandos que buscaban hacerse con la tierra de Jerusalén:

  • Musulmanes: deseaban recuperar la ciudad por ser el espacio en donde Mahoma, su profeta, ascendió al cielo según sus creencias.
  • Clero de la Iglesia católica: buscaba esta tierra por ser en donde fue crucificado y luego revivió Jesucristo.

Cada una de las cruzadas tuvo resultados diferentes, resultando victoriosos los cristianos en unas y los musulmanes en otras. Sin embargo, estos últimos triunfarían en la novena cruzada (muchas veces considerada como parte de la octava), y reclamarían el territorio como suyo.

Las Cruzadas trajeron resultados negativos para la Iglesia y, además, para los monarcas y señores feudales de la Edad Media. Además, demostraron el gran poder que existía en Oriente.

La Reforma protestante

Uno de los acontecimientos más importantes dentro del cristianismo fue la Reforma protestante. Esta significó un acontecimiento social de origen religioso que terminó por diezmar el poder cultural que hasta entonces había alcanzado la Iglesia católica a lo largo de los siglos.

Tras cientos de años bajo la doctrina de la Iglesia, las personas comenzaron a cuestionarse la conducta de esta ante diferentes hechos de corrupción que se distanciaban mucho de la fe y de los valores de antaño. Es en este escenario de insatisfacción que en la Alemania del siglo XVI comenzaría la reforma de Martin Lutero. Este personaje fue el promotor de la formación de una gran variedad de Iglesias que más adelante se denominaron como protestantes.

Con el paso de los años, reinos en ascenso tomaron el protestantismo como su creencia, tal fue el caso de Alemania e Inglaterra. Este suceso no fue menor, ya que significó una disminución importante no solo de fieles, sino de la supremacía que poseía la Iglesia católica.

La Iglesia católica en la Revolución francesa

La Revolución francesa fue un suceso que, aunque tuvo su epicentro en cambios sociales, económicos y políticos, también terminó por afectar a la Iglesia católica. Como era común en el siglo XVIII, el clero estaba íntimamente relacionado con las monarquías absolutistas de origen latino, además de ser en sí mismo un grupo de poder pese a su condición de institución religiosa.

Sin embargo, el escenario francés y los promotores de la revolución buscaban grandes cambios que eran promovidos por las ideas de la Ilustración. Veían cómo la Iglesia había manipulado y condicionado la cultura, la educación y la intelectualidad de las sociedades por cientos de años, además de gozar de un inmenso poder socioeconómico al punto de convertirse en un Estado paralelo.

Por si fuera poco, el clero había apoyado abiertamente a la monarquía francesa aún en evidencia del suplicio del pueblo. Cuando la revolución triunfó, los victoriosos actuaron en contra de la Iglesia, despojándola de tierras, riquezas, privilegios y abolición del pago del diezmo, entre otras acciones.

Cuando los ideales de la Revolución francesa llegaron a otros territorios y se produjeron las llamadas Revoluciones liberales, muchos de estos nuevos Estados también tomaron medidas contra el clero. El resultado fue una disminución elevada de los bienes y el poder que este poseía.

Aun así, la influencia de la Iglesia católica continúo en altas esferas de poder. Además, el cristianismo se siguió expandiendo como doctrina ideológica en los siglos XIX y XX. Aún en la actualidad, el cristianismo es la religión con mayor cantidad de fieles en el mundo entero.

Referencias:

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