El ejército espartano es, sin duda, uno de los pilares más emblemáticos de la historia militar de la antigua Grecia. En el corazón de la ciudad-Estado de Esparta, conocida como Lacedemonia (actual Laconia), se forjó una máquina de guerra que no solo dominó el Peloponeso, sino que dejó una huella imborrable en la cultura y la estrategia militar de Occidente.
Desde su organización inicial, basada en las raíces tribales, hasta su evolución en una fuerza profesional basada en la disciplina, la falange hoplita y la preparación constante, el ejército espartano se convirtió en sinónimo de invencibilidad.
Precisamente en este artículo exploramos los orígenes, la estructura, las tácticas, el entrenamiento y el legado de esta formidable institución, desentrañando cómo Esparta creó el ejército más temido del mundo griego.
Orígenes y transformación de una sociedad guerrera
Los orígenes del ejército espartano se remontan a la época micénica, cuando Esparta era un asentamiento más en el mosaico de la Grecia preclásica.
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En la Ilíada de Homero, los espartanos aparecen como parte de los contingentes griegos, luchando con tácticas rudimentarias basadas en infantería equipada con lanzas cortas, espadas y escudos (dyplon).
En esta era de combates heroicos, las batallas se resolvían a menudo en cargas desorganizadas, con la mayoría de las bajas ocurriendo cuando uno de los bandos huía en desbandada.
Tras las invasiones dorias y la consiguiente Edad Oscura (siglos XI-VIII a. C.), Esparta emergió como un pueblo dórico a orillas del río Eurotas, en Laconia.
A partir del siglo VIII a. C., las reformas atribuidas al legendario Licurgo transformaron la sociedad espartana en un modelo militarista único. Estas reformas establecieron una constitución que priorizaba la preparación bélica, creando un Estado donde el ciudadano era, ante todo, un soldado.
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La organización inicial del ejército se basaba en las tres tribus fundacionales (panfilos, hileos y dimanos), que más tarde dieron paso a una estructura territorial dividida en cinco obai (distritos), cada una aportando un batallón o lochos.
Un punto de inflexión llegó tras la derrota ante Argos en la batalla de Hisias (669 a. C.), que expuso las debilidades de Esparta y desencadenó una profunda reestructuración militar. A partir de entonces, el ejército espartano se consolidó en tres pilares:
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La agogé: un sistema educativo que moldeaba a los ciudadanos desde la infancia para ser guerreros excepcionales.
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La falange hoplita: una formación táctica revolucionaria que maximizaba la cohesión y la efectividad en combate.
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Ciudadanos-soldados permanentes: todos los espartiatas, desde los 20 hasta los 60 años, estaban en servicio militar continuo, dedicando su vida a la guerra.
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La agogé: forjando el espíritu del guerrero
El núcleo del poderío espartano residía en la agogé, el sistema educativo que convertía a los niños en soldados implacables. Desde los siete años, los varones eran separados de sus familias y agrupados en agelai (bandas) para enfrentarse a un régimen de entrenamiento físico extremo, disciplina estricta y privaciones deliberadas.
Escasez de comida y ropa, castigos por ser descubiertos robando (no por robar, sino por no ser lo suficientemente hábiles) y competiciones constantes fomentaban la resistencia, la astucia y el espíritu de grupo.
Plutarco relata la historia de un joven que prefirió morir desgarrado por un zorro oculto bajo su túnica antes que revelar su robo, un ejemplo del extremo compromiso con el honor y la disciplina.
La poesía de Tirteo, escrita durante la segunda guerra mesenia (siglo VII a. C.), encapsula el ideal espartano: «este es el hombre bueno en la guerra», aquel que permanece firme en la primera línea, infundiendo valor a sus compañeros y enfrentando el peligro sin vacilar.
Este ideal de areté (excelencia) impregnaba la agogé, que no solo entrenaba el cuerpo, sino que forjaba una mentalidad de sacrificio por la polis.
A los 18 años, los jóvenes alcanzaban la mayoría de edad y comenzaban a entrenar a los más pequeños, mientras que los más destacados eran seleccionados para la Krypteia, una práctica secreta que incluía misiones de vigilancia y eliminación de ilotas rebeldes.
A los 20 años, se unían a las sisitías (comidas comunales) y comenzaban su servicio militar activo, que duraba hasta los 60 años.

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La falange hoplita: disciplina en el campo de batalla
El ejército espartano perfeccionó la falange hoplita, una formación que revolucionó la guerra en Grecia. Los hoplitas, armados con lanzas, escudos redondos (aspis), cascos corintios y, en los periodos arcaicos, corazas de bronce, formaban filas compactas de 8 a 12 hombres de profundidad.
La clave del éxito espartano no radicaba en innovaciones tácticas, sino en su disciplina y cohesión. Marchaban al ritmo de flautas, manteniendo la formación incluso en el caos de la batalla, y el escudo de cada hoplita protegía tanto a su portador como al compañero de al lado, simbolizando la unidad colectiva.
Los espartanos ocupaban tradicionalmente el flanco derecho, considerado el puesto de honor, y su estrategia consistía en avanzar con firmeza, romper el flanco enemigo y luego girar para envolver al adversario.
Esta táctica demostró su eficacia en contiendas como la batalla de Platea (479 a. C.), donde los espartanos desempeñaron un papel crucial en la derrota de los persas.
Sin embargo, la falange espartana encontró su némesis en la batalla de Leuctra (371 a. C.), cuando el tebano Epaminondas introdujo la falange oblicua, concentrando la fuerza en el flanco izquierdo para aplastar a los espartanos.

El hoplita espartano: equipo e identidad
El guerrero espartano compartía el equipamiento básico del hoplita griego: una lanza (dory), una espada corta (xifos), grebas de bronce y un casco corintio. Sin embargo, su identidad visual era inconfundible:
- El escudo (aspis u hoplon): su arma más importante no era la lanza, sino el escudo. Grande y pesado, protegía no solo a quien lo portaba, sino también al compañero de su izquierda. Perderlo era la mayor de las deshonras. A mediados del siglo V a. C., adoptaron la letra griega lambda (Λ), por Lacedemonia, pintada en su superficie, un símbolo que infundía terror en el enemigo.
- La túnica y el manto escarlata: su característico color rojo no era una mera elección estética. Tenía un doble propósito práctico y psicológico, ya que ocultaba la sangre de las heridas, evitando desmoralizar a los compañeros, y presentaba una visión uniforme y aterradora al enemigo.
- El cabello largo: mientras que en el resto de Grecia se fue perdiendo esta costumbre, los espartanos mantuvieron el cabello largo como símbolo de su condición de hombres libres y guerreros.

Estructura militar: precisión y jerarquía
La organización del ejército espartano era un modelo de eficiencia. Tras las reformas posteriores a la batalla de Hisias (669 a. C.), se estructuró en unidades jerárquicas que combinaban flexibilidad y disciplina:
- Enomotía: 36-40 hoplitas, liderados por un enomotarca.
- Pentecostis: cuatro enomotías, con 144-160 hombres, bajo un pentekonter.
- Lochos: cuatro pentecostis, con 576-640 hombres, dirigidos por un lochagos.
- Mora: dos lochos, con 1.152-1.280 hombres, comandados por un polemarca.
En su apogeo, el ejército espartano podía movilizar seis morai, sumando unos 7000 hoplitas, complementados por los skiritai (un cuerpo de élite de infantería ligera) y tropas aliadas de la Liga del Peloponeso.
Los reyes espartanos lideraban tradicionalmente el ejército, aunque desde el siglo VI a. C. solo uno marchaba a la batalla, mientras los éforos (cinco magistrados electos) supervisaban las decisiones estratégicas.
La guardia real, los hippeis (300 hoplitas de élite), acompañaba al rey y ocupaba el flanco derecho, destacando en refriegas tan conocidas como la batalla de las Termópilas.

Sociedad y ejército: los homoioi y las clases auxiliares
Sería un error pensar que el ejército espartano se componía únicamente de homoioi. De hecho, se podría decir que era un reflejo de la estructura social de la ciudad:
- Los homoioi (los iguales), ciudadanos plenos, eran el núcleo del ejército, dedicados exclusivamente a la guerra y estando prohibido que realizasen cualquier otra actividad. Cada espartiata recibía un kleros (lote de tierra) trabajado por ilotas, lo que les permitía concentrarse en su entrenamiento.
- Los periecos, habitantes libres de las regiones circundantes, servían como infantería ligera o en roles logísticos.
- Los ilotas, siervos propiedad del Estado, realizaban tareas auxiliares y, en casos excepcionales, combatían como tropas ligeras.
- Esquiritas: cuerpo de élite de infantería ligera reclutado en la región fronteriza de Esquirítida. Eran exploradores excepcionales y en la batalla ocupaban el puesto de mayor riesgo (el flanco izquierdo de la falange).
- Caballería: como veremos a continuación, fue siempre el punto débil de Esparta. Desarrollada tardíamente y con poco entusiasmo, su caballería nunca pudo competir con la de otras potencias como Tesalia o Tebas.

La oligantropía (escasez de ciudadanos) fue un problema creciente. En el año 640 a. C., Esparta contaba con unos 6000 homoioi, pero para el año 330 a. C. este número se había reducido a apenas 1000.
Para compensar, los espartanos recurrieron a los neodamodes (ilotas liberados) y a aliados, aunque estos nunca alcanzaron el nivel de entrenamiento de los homoioi.
La armada y la caballería: puntos débiles
Aunque el ejército de tierra era su mayor fortaleza, Esparta tuvo una relación ambivalente con la guerra naval. Durante las guerras médicas, aportó solo 20 trirremes, confiando en aliados como Corinto para su flota.
En la guerra del Peloponeso, la financiación persa permitió a Lisandro construir una armada que derrotó a Atenas en la batalla de Egospótamos (405 a. C.), pero esta supremacía naval fue efímera, colapsando tras derrotas como la batalla de Cnidos (394 a. C.).
La caballería espartana, creada en 424 a. C., era igualmente limitada. Compuesta por 400-1500 jinetes, a menudo mercenarios o ciudadanos de clases inferiores, se usaba para exploración y persecución, pero nunca rivalizó con la infantería.
Los caballos, propiedad de los más ricos, eran asignados a jinetes solo en campaña, lo que reflejaba la falta de prioridad dada a esta fuerza.

El apogeo y declive de Esparta
La historia del ejército espartano es la historia misma de Grecia durante sus siglos de esplendor y decadencia.
- El ascenso (siglos VII-VI a. C.): tras someter a sus vecinos de Mesenia en las guerras mesenias (reduciéndolos a la servidumbre como ilotas) y consolidar su poder en el Peloponeso después de sus victorias sobre Argos (batalla de Sepea, 494 a.C.), Esparta se convirtió en la potencia terrestre indiscutible, liderando la Liga del Peloponeso.
- Las guerras médicas (492-449 a. C.): su papel fue crucial. Aunque el sacrificio en las Termópilas es lo más recordado, su liderazgo y la solidez de su falange en la batalla de Platea (479 a.C.) fueron decisivos para expulsar a los persas de Grecia.
- La guerra del Peloponeso (431-404 a. C.): el enfrentamiento contra el imperio marítimo de Atenas puso a prueba todas sus capacidades. Sufrieron reveses humillantes, como la rendición de una unidad en la batalla de Esfacteria, pero su tenacidad y la crucial ayuda financiera persa (que les permitió construir una flota) les otorgaron la victoria final, estableciendo una breve hegemonía sobre toda Grecia.
- La caída (371 a. C.): la hegemonía espartana fue efímera. Su rigidez, su desprecio por sus aliados y, sobre todo, un grave problema demográfico (la oligantropía o escasez de ciudadanos-soldados) la debilitaron. El golpe de gracia llegó en la batalla de Leuctra (371 a. C.), con su derrota ante Tebas. Allí, el general Epaminondas, con una brillante innovación táctica (la falange oblicua), destrozó al ejército espartano, matando a cientos de sus mejores hoplitas y al propio rey Cleómbroto I. La invencibilidad espartana se hizo añicos para siempre.
- La imposible resurrección (siglo III a. C.): los intentos de reforma bajo Agis IV y Cleómenes III no lograron restaurar su gloria, y Esparta quedó subordinada a la República romana tras la guerra contra Nabis (189 a. C.).

Legado del ejército espartano
El ejército espartano fue el producto perfecto de una sociedad obsesionada con la guerra. Su fuerza no radicaba en una tecnología superior o en un genio táctico revolucionario, sino en un factor humano llevado al extremo: una disciplina sobrehumana, una camaradería inquebrantable y una dedicación absoluta al Estado.
Sin embargo, su mayor fortaleza fue también su perdición. La rigidez de su sistema social y su incapacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, tanto demográfica como tácticamente, provocaron su colapso.
A pesar de ello, el guerrero espartano trasciende la historia. Su leyenda, forjada en el sacrificio y la disciplina, sigue siendo, aún hoy, el arquetipo del soldado perfecto y un testimonio perdurable del poder de la voluntad humana al servicio de un ideal.
El ejército espartano no solo fue una fuerza militar, sino un símbolo de disciplina, sacrificio y cohesión. Su legado perdura en la cultura popular, desde el epitafio de Simónides en las Termópilas —Extranjero, ve y di a los espartanos que aquí, obedeciendo sus leyes, yacemos— hasta su influencia en ejércitos posteriores, como los de Alejandro Magno y Roma.
De hecho, la agogé, la falange hoplita y el ideal de los homoioi siguen siendo estudiados como ejemplos de organización militar y compromiso colectivo.
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R. Fernández, J. El ejército espartano. (2025, 8 de julio). MuchaHistoria. https://muchahistoria.com/esparta-ejercito/ | Última actualización: 2025, 8 de julio.