Los oscuros años de Hernán Cortés en La Española y Cuba

Antes de protagonizar el encuentro que cambiaría el rumbo de la historia en México, Hernán Cortés vivió quince años fundamentales en el Caribe que forjaron su carácter y su visión política. Entre 1504 y 1519, el joven hidalgo pasó de vivir en la pobreza extrema en Santo Domingo a consolidarse como un próspero empresario, escribano e influyente alcalde en Cuba, utilizando estas tierras como un verdadero «trampolín» de aprendizaje.

Durante este periodo, Cortés no solo acumuló una inmensa fortuna y dominó los entresijos legales de la colonia, sino que también mantuvo una relación de profunda ambivalencia con Diego Velázquez, preparándose para el momento en que su ambición lo empujaría a ir más allá de los límites permitidos por la Corona.

El desembarco de Hernán Cortés en Santo Domingo (1504)

Tras cuatro semanas de incertidumbre en el «Mar Océano», Hernán Cortés desembarcó en Santo Domingo el 6 de abril de 1504. El joven de 19 años se encontró con un páramo desolado, muy alejado del edén pletórico de oro que describían las leyendas de la época.

Lo que halló fue un Caribe destrozado por la ambición desmedida y la mala administración de Cristóbal Colón y su clan, donde el orden local había sido trastocado y la violencia de los aventureros era la norma en un inmenso vacío legal. La situación era tan precaria que más de la mitad de la población moría de hambre y las enfermedades campaban a sus anchas.

Cortés experimentó en carne propia esta pobreza extrema, pero sin abandonar su orgullo de hidalgo. Se cuenta que compartía vivienda con tres amigos y, como solo disponían de una capa entre todos, debían turnarse para poder salir a la plaza. Esta imagen de precariedad contrastaba con su mentalidad de «cristiano viejo» que prefería pasar necesidades antes que realizar oficios considerados bajos.

Esta actitud quedó de manifiesto cuando se entrevistó con el escribano del gobernador Nicolás de Ovando. Al ofrecérsele tierras para establecerse como labrador, Cortés respondió con una frase que definiría su primera etapa en las Indias: «vine a buscar oro, no a arar la tierra como un labrador».

Para él, la riqueza no era un fin en sí mismo, sino el medio necesario para alcanzar la grandeza y la autonomía que su formación humanista le permitía imaginar. No obstante, ante la cruda realidad de la isla, terminó por aceptar la oferta de Ovando de registrarse como vecino para recibir tierras y poder participar en la naciente comunidad.

Hernán Cortés acepta la propuesta de Nicolás de Ovando
Hernán Cortés acepta la propuesta de Nicolás de Ovando.

El aprendizaje en La Española: Azua y las campañas pacificación (1504-1511)

Tras su llegada, Cortés recibió su «bautismo de fuego» al participar en las campañas de pacificación bajo el mando de Nicolás de Ovando. Estas incursiones, a menudo descritas como «cabalgadas» debido a que la resistencia indígena era mínima, se centraron en regiones como Higüey o Bahoruco.

Aunque el contexto general era de exterminio, Cortés comenzó a demostrar una personalidad distinta a la de otros colonos, optando con frecuencia por el camino de la negociación y la diplomacia tras una muestra inicial de fuerza, una estrategia que intentaría imprimir durante el resto de su vida.

Como recompensa por su actuación en estas campañas, Ovando le otorgó tierras y el cargo de escribano de la villa de Azua. Se abre entonces un periodo de entre cinco y seis años que los historiadores califican como «oscurísimo», ya que apenas existen registros de su actividad y no se conserva ni una sola de las escrituras de su notaría. Sin embargo, este tiempo fue fundamental para que el joven de Salamanca ejerciera como jurisconsulto, dominando la administración y los entresijos legales de una sociedad colonial en construcción.

En el ámbito económico, Cortés empezó a destacar como un empresario visionario. A pesar de haber declarado inicialmente que no deseaba arar la tierra, se dedicó con éxito a realizar los primeros ensayos para aclimatar la caña de azúcar en el Caribe y a la cría de ganado («granjerías»).

Además, durante su estancia en La Española comenzó su transformación personal y asimilación cultural; para 1509 ya vivía de forma estable con una mujer taína con la que procreó una hija, a la que años más tarde pediría legitimar ante el Papa. Este aprendizaje integral terminó en 1511, cuando la oportunidad de una nueva aventura lo llevó a unirse a la expedición de Diego Velázquez hacia Cuba.

Hernán Cortés con su mujer taína y su hija
Hernán Cortés con su mujer taína y su hija.

El salto a Cuba: de secretario a prisionero (1511-1515)

En 1511, la ambición de Hernán Cortés encontró una nueva ruta cuando Diego Colón ordenó la ocupación de Cuba. El veterano Diego Velázquez fue nombrado gobernador y reclutó a Cortés para su equipo.

Curiosamente, Cortés rechazó la jefatura militar de la operación, prefiriendo enfocarse en los aspectos financieros; convenció a Velázquez de nombrarlo tesorero de la misión, convirtiéndose además en uno de sus dos secretarios personales. En este rol, Cortés destacaba por ser un hombre culto, de palabra fácil y gran sentido del humor, cualidades que lo hacían ver como alguien «demasiado independiente» para el cargo.

Sin embargo, su ascenso político se vio truncado por un doble conflicto: uno sentimental y otro legal:

  • Por un lado, se vio envuelto en un enredo amoroso con Catalina Xuárez Marcaida, una dama de compañía de la esposa de Velázquez. Tras haberla cortejado, Cortés se resistía a casarse con ella por sus prejuicios de clase, ya que la joven había sido sirvienta en Santo Domingo, lo que provocó la ira del gobernador, quien estaba vinculado con una de las hermanas de Catalina.
  • Paralelamente, Cortés fue elegido como portavoz de un grupo de colonos agraviados por los abusos de Velázquez para llevar una carpeta de acusaciones ante la Audiencia de Santo Domingo. Traicionado por un delator, fue apresado antes de zarpar y arrojado a una mazmorra con grilletes en los pies, enfrentándose así a una posible condena a muerte por traición.

Lo que siguió fue una serie de fugas novelescas. Cortés logró escapar de la prisión refugiándose en una iglesia, pero fue recapturado por el alguacil Juan Escudero mientras se confiaba paseando fuera del asilo. Encerrado esta vez en la bodega de un navío, consiguió huir de nuevo.

Finalmente, ante la necesidad de Velázquez de contar con hombres astutos y con recursos, ambos pactaron una tregua: el gobernador le perdonó la vida a cambio de que Cortés cumpliera su palabra de matrimonio con Catalina Xuárez.

Para sellar este nuevo pacto de confianza, Velázquez bautizó a una hija indígena de Cortés, convirtiéndose en su compadre, y lo nombró alcalde de Santiago de Cuba en 1515, cerrando así un capítulo de odios para iniciar uno de prosperidad.

Hernán Cortés en prisión
Hernán Cortés en prisión.

El ascenso económico de Hernán Cortés en Cuba

Para el año 1515, Hernán Cortés había dejado atrás la precariedad de sus primeros días en las Antillas para convertirse en una de las figuras más prominentes y respetadas de la naciente colonia cubana.

Como decíamos antes, tras sellar su reconciliación con Diego Velázquez, fue nombrado alcalde de Santiago de Cuba, consolidando un poder político que corría paralelo a su vertiginoso ascenso económico. En esta etapa, Cortés se reveló como un «mercader de altos vuelos» (un empresario en el sentido moderno del término) que sabía moverse con maestría en los círculos financieros de la isla.

Su fortuna no dependía de una sola fuente, sino de una hábil diversificación de sus negocios. Poseía una de las mejores haciendas de la isla, cruzada por el río Cubanacán, de cuyas márgenes sus indios extraían oro de forma constante.

Fue, además, un pionero en la ganadería, siendo de los primeros en introducir y criar con éxito ganado vacuno y caballar en Cuba. A estas actividades sumaba sus prósperos cultivos de caña de azúcar y su faceta como naviero dedicado al comercio ultramarino a gran escala, lo que le permitió acumular una de las mayores fortunas de todo el Caribe.

El nivel de su riqueza e influencia quedó patente al momento de organizar la expedición hacia lo que sería México. Cortés no era un simple capitán contratado; era el principal socio capitalista de la empresa.

De los cinco navíos que se encontraban inicialmente anclados en el puerto de Santiago, tres eran de su propiedad absoluta y en los otros dos participaba a medias con socios como Andrés de Duero. Su solvencia era tal que pudo endeudarse por sumas cuantiosas para terminar de equipar la armada, demostrando que para él, el oro no era un fin último, sino el combustible necesario para financiar sus sueños de autonomía y grandeza.

Los prósperos negocios de Hernán Cortés
Los prósperos negocios de Hernán Cortés.

La compleja relación de Cortés con Diego Velázquez

La relación entre Diego Velázquez y Hernán Cortés estuvo marcada por una profunda contradicción de sentimientos: el gobernador admiraba la inteligencia, astucia y habilidad de negociación del extremeño, pero simultáneamente sentía hacia él un creciente temor y envidia por su espíritu ambicioso.

Velázquez, un burócrata que había seguido el orden establecido desde los días de Colón, veía en Cortés a un representante del espíritu del Renacimiento que creía que el hombre común podía labrar su propia suerte a través de la inteligencia.

A medida que se organizaba la expedición hacia lo que sería México, el entorno de Velázquez, especialmente sus parientes resentidos por no haber recibido el mando, comenzó a «calentarle la cabeza» advirtiéndole de que los preparativos mostraban claramente que Cortés no tenía intención de volver.

Un episodio simbólico de esta tensión fue la intervención del bufón conocido como Cervantes el Chocarrero. Durante una salida de misa, el bufón advirtió a Velázquez en tono de chanza que pronto tendrían que salir a «montear» (cazar) a Cortés porque este se alzaría con la armada.

Aunque se trató de una burla, reflejaba la sospecha general de que Cortés se le estaba escapando de control al gobernador. Se inició entonces un verdadero duelo de astucias: Velázquez intentó obstaculizar la partida de forma encubierta, ordenando que no se le suministrasen víveres y tratando de persuadirlo a través de intermediarios para que desistiera del viaje a cambio de una indemnización por sus gastos.

Cortés, consciente de que intentar reducirlo equivaldría a un rompimiento abierto que no podía ganar en tierra, utilizó el disimulo y la celeridad. Se rodeó de una multitud de aventureros y veteranos de Italia cuya lealtad estaba con él porque era quien les pagaba y alimentaba.

La ruptura definitiva se produjo cuando Velázquez, decidido a arrestarlo, envió órdenes de detención a las villas por donde pasaba la flota. Sin embargo, Cortés ya navegaba en estado de rebelión abierta; al partir de Santiago, evitó el enfrentamiento cara a cara y se despidió de Velázquez desde una barca a prudente distancia, iniciando una andadura que él mismo calificaría años después, entre risas, diciendo: «a la mi fe, anduve por allí como un gentil corsario».

Diego Velázquez y Hernán Cortés
Diego Velázquez y Hernán Cortés.

El hombre que el Caribe moldeó

Los quince años que Hernán Cortés pasó en las Antillas no fueron un simple paréntesis de espera, sino el periodo de maduración definitiva donde el joven bachiller de Salamanca se transformó en el caudillo y estratega que asombraría al mundo.

En el «laboratorio» del Caribe, Cortés comprendió que la espada era insuficiente si no iba acompañada de la «pluma» legal y de una sólida base económica. Su paso por las escribanías de Azua y Santiago, así como su éxito como pionero agrícola y ganadero, le permitieron desarrollar una visión de Estado que lo diferenciaba de la mayoría de los aventureros, quienes veían en el Nuevo Mundo un botín de saqueo y no un lienzo para construir una nueva civilización.

Este aprendizaje integral le permitió concluir que el modelo de explotación violenta visto en La Española era un camino agotado. Gradualmente, Cortés fue gestando un proyecto propio de autonomía y mestizaje, convencido de que el oro era solamente el combustible necesario para financiar sus sueños de grandeza.

Al zarpar finalmente hacia las costas de México en 1519, ya no era el hidalgo necesitado que compartía una capa con sus amigos; era un hombre inmensamente rico, un jurisconsulto capaz de desafiar la autoridad real mediante argucias legales y un líder que ya navegaba en estado de rebelión abierta contra Diego Velázquez.

El Caribe, con su caos y sus oportunidades, terminó por forjar al «inventor de México», preparándolo para protagonizar el encuentro más trascendental de la historia humana.

Referencias
¿Cómo citar este artículo?

R. Fernández, J. Los oscuros años de Hernán Cortés en La Española y Cuba. (2026, 25 de mayo). MuchaHistoria. https://muchahistoria.com/hernan-cortes-la-espanola-cuba/ | Última actualización: 2026, 25 de mayo.

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