La Reconquista

La Reconquista fue una etapa de la historia en la que se produjo la lucha de los reinos cristianos de la península ibérica contra el islam. Aconteció entre los siglos VIII y XV, motivo por el cual conoció a múltiples reyes y batallas. A continuación os hablamos de su concepto, de sus etapas y de sus características más relevantes.

Definición de Reconquista

Conquista por parte de los reinos cristianos del territorio hispano que el Imperio islámico comenzó a invadir en el año 711 tras su victoria en la batalla de Guadalete.

Significado de Reconquista

La etimología de la palabra reconquista nos lleva a analizar el verbo reconquistar, que está integrado por el prefijo re-, que quiere decir de nuevo, y el verbo conquisitare, que significa adquirir de forma reiterada o permanente.

Aunque el término Reconquista es rechazado por algunos historiadores, hay que tener en cuenta que la ideología que se halla detrás de su uso se estableció a finales del siglo IX.

Así, ya durante el reino de Asturias se hablaba de la recuperación del antiguo reino visigodo de Toledo y, por tanto, de Hispania en su conjunto. Incluso existen fuentes musulmanas que mencionan esta expresión, haciéndolo en el mismo sentido en el que la usaban los cristianos de la época.

¿Cuándo empezó la Reconquista?

Su fecha de inicio se establece en el año 722, que es cuando se cree que aconteció la batalla de Covadonga.

¿Cuándo terminó la Reconquista?

La Reconquista española terminó en 1492, año en el que tuvo lugar la toma de Granada y que supuso el completo final de al-Ándalus. Abarcó casi toda la Edad Media y se produjo apenas unos meses antes que el descubrimiento de América (que a su vez marcó el comienzo de la Edad Moderna).

Duración de la Reconquista

La Reconquista duró 770 años, es decir, casi ocho siglos.

Origen de los reinos cristianos

Una vez que el Imperio islámico empezó a conquistar la península ibérica, diversos nobles visigodos resistieron su avance en la cordillera Cantábrica. Surgieron así los reinos de Asturias, León y Castilla.

Asimismo, Carlomagno estableció la Marca Hispánica en el año 795. Esta zona, situada al sur de los Pirineos, sirvió para proteger al Imperio carolingio de los ataques de los invasores musulmanes.

Tras el debilitamiento del Imperio carolingio, los territorios de la Marca Hispánica se fueron haciendo independientes. Aparecieron entonces el Reino de Aragón, el Reino de Navarra y los condados catalanes.

Reinos cristianos en la Edad Media

Reino de Asturias

Don Pelayo fue un rey visigodo que venció a los musulmanes en la batalla de Covadonga (722), creando a partir de ahí el reino de Asturias y convirtiéndose en el primer reino cristiano de la península ibérica. Su máxima extensión la alcanzó durante la monarquía de Alfonso III de Asturias.

Reino de León

En el año 914, la capital de Asturias se trasladó a León y al reino se le conoció con el nombre de Reino de León.

Reino de Castilla

Su denominación, originaria del siglo IX, proviene de los numerosos castillos que se construyeron por esta zona para así defenderla de los distintos ataques musulmanes.

En un principio se trataba de un condado de León, pero poco a poco fue ganando peso dentro del reino. De hecho, en el año 931 el conde Fernán González convirtió este título en hereditario.

Precisamente uno de estos condes se enfrentó al rey de León, venciéndolo y obteniendo así el rango de monarca (hablamos de Fernando I de León).

Tras la muerte de Fernando I, el reino se dividió entre sus hijos.

  • Sancho: rey de Castilla.
  • Alfonso: rey de León.
  • García: rey de Galicia.
  • Urraca: señora de Zamora.
  • Elvira: señora de Toro.

Esto provocó que luchasen entre sí para reunificar el reino, algo que finalmente consiguió Alfonso VI de León. Bajo su reinado se produjo la conquista de Toledo (año 1085).

Otro importante rey de Castilla fue Alfonso VIII, puesto que consiguió incrementar sus territorios y lideró la cruzada contra los almohades.

Su nieto, Fernando III de Castilla, unió definitivamente los reinos de Castilla y de León, aparte de que a mediados del siglo XIII conquistó los reinos musulmanes de Córdoba, Sevilla y Jaén.

El hijo de este último, Alfonso X de Castilla, también conocido como Alfonso X el Sabio, llevó a cabo una destacada labor cultural y prosiguió con la Reconquista (incluso aspiró a hacerse con el trono del Sacro Imperio Romano Germánico).

La última etapa de su reinado fue más convulsa, puesto que se enfrentó con su hijo, Sancho IV de Castilla, y tuvo que apagar la rebelión de varios nobles y de diversas ciudades. Tras su muerte en el año 1284, la pugna entre la monarquía y la nobleza prosiguió durante dos siglos más.

Es lo que sucedió con Fernando IV de Castilla y Alfonso XI de Castilla. De hecho, tras el fallecimiento de este último, surgió una disputa entre su hijo legítimo Pedro I de Castilla y su hijo ilegítimo Enrique II de Castilla (también conocido como Enrique de Trastámara, gozaba del favor de la nobleza).

Se produjo entonces la primera guerra civil castellana (13661369), resultando victorioso Enrique en la batalla de Montiel, donde precisamente Pedro perdió la vida.

Sin embargo, los nobles no fueron sometidos del todo hasta la guerra de sucesión castellana (14741479), momento en el que los derrotó la reina Isabel de Castilla.

Reino de Portugal

En un principio pertenecía al Reino de Castilla, pero, en el año 1139, Alfonso I de Portugal se autoproclamó rey de las tierras lusas.

Reino de Navarra

A principios del siglo IX, el condado de Pamplona expulsó a los francos con la ayuda de los Banu Qasi (una familia muladí que controlaba el valle medio del Ebro y cuyos integrantes eran descendientes del conde visigodo Casio).

Íñigo Arista fundó entonces el reino de Pamplona, que luego pasaría a denominarse reino de Navarra. Sancho Garcés III de Pamplona fue uno de sus monarcas más importantes, puesto que incorporó al reino tanto Aragón como Castilla y parte de León.

Tras su muerte, el reino se fragmentó y Navarra pasó a depender de Castilla y, más adelante, de Aragón. Tras un período de independencia, se asoció con la corona francesa. Finalmente, Fernando el Católico lo invadió en 1512.

Reino de Aragón

Formaba parte del reino de Navarra, pero, tras la muerte de Sancho Garcés III de Pamplona, se escindió y se creó un reino separado.

En el año 1076, Sancho Ramírez de Aragón se convirtió también en el rey de Navarra tras el asesinato de su primo Sancho Garcés IV de Pamplona (los pamploneses no querían que le sucediera su hermano, ya que consideraban que era el responsable del crimen).

Los dos reinos permanecieron unidos hasta la muerte de Alfonso I de Aragón, algo que sucedió en el año 1134. Este monarca consiguió una gran expansión de sus territorios gracias a las victorias que obtuvo frente a los musulmanes.

Dado que no tuvo descendencia, legó su reino “a Dios, a Nuestro Señor Jesucristo y a todos sus santos”. Se abrió entonces una etapa de crisis debido a las disputas que existieron por hacerse con el trono, ya que la nobleza no estaba de acuerdo con una sucesión que en realidad iba dirigida a diversas órdenes militares (como los templarios, por ejemplo).

Finalmente, Aragón y Navarra separaron sus caminos. En Aragón gobernó Ramiro II de Aragón, el hermano de Alfonso. Éste, que primero fue monje y luego obispo, desposó a su hija Petronila con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona (de este modo, se unían el reino de Aragón y los condados catalanes, naciendo así la Corona de Aragón).

En el siglo XIII sobresalió la figura de Jaime I de Aragón, quien añadió más territorios a la Corona (caso de Valencia, Mallorca e Ibiza). Su hijo, Pedro III de Aragón, hizo lo propio con Sicilia.

De hecho, en los siglos XIV y XV se consolidó la expansión por el Mediterráneo, ya que se tomó el control de Cerdeña, Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria.

En el año 1410, falleció Martín I de Aragón sin dejar sucesores. Se eligió entonces como rey a Fernando I de Aragón, que era su sobrino y que pertenecía a la familia Trastámara.

Fernando II de Aragón, el sucesor de Juan II de Aragón (quien tuvo que lidiar con la guerra civil catalana), se convirtió en rey en el año 1479 (su matrimonio con Isabel de Castilla se produjo diez años antes, siendo conocidos como los Reyes Católicos).

Condados catalanes

Wifredo el Velloso fue el último conde de Barcelona al que nombraron los reyes carolingios. Bajo su persona se terminaron aglutinando varios de estos condados y, ya en el siglo XIII, se sumaron al reino de Aragón.

Etapas de la Reconquista

Inicios de la Reconquista

Los reinos cristianos se veían a sí mismos como los legítimos herederos de los monarcas visigodos, de ahí que poco a poco intentaran recuperar el territorio peninsular que con tanta rapidez habían conquistado los musulmanes durante el siglo VII (el mismo que recibió la denominación de al-Ándalus).

A esto se le conoce como la Reconquista, si bien no fue un proceso sencillo. Así, estos reinos eran pequeños y débiles, e incluso en ocasiones luchaban entre sí y no sólo contra los musulmanes. Esto hizo que en un principio les resultara complicado hacer frente al califato de Córdoba (y más cuando tenían que combatir contra militares tan experimentados como Almanzor).

En el año 1031, el califato se dividió en taifas, es decir, en pequeños reinos, lo que precisamente hizo que se incrementara su debilidad. Por el contrario, los reinos cristianos empezaron a unirse y a fortalecerse. Además, se añadió una motivación religiosa a sus luchas, a las que se las conoció como las Cruzadas.

Repoblación de los reinos cristianos

Tras conquistar un territorio, era necesario llevar a cabo su repoblación para de este modo asegurar el control y el dominio cristiano sobre la zona. Para hacer esto se usaba a población mozárabe venida del sur, a cristianos peninsulares e incluso a personas provenientes de más allá de los Pirineos (caso de los francos).

Esta repoblación tuvo ciertas peculiaridades dependiendo de la región en cuestión. A continuación os explicamos en qué consistían:

  • Valle del Duero: se trataba de una repoblación concejil, es decir, el rey otorgaba determinados privilegios e incentivos a todos aquellos que fueran a vivir a un territorio conquistado.
  • Valle del Ebro: las ciudades se repoblaron con cristianos, mientras que los musulmanes eran enviados a las afueras de los núcleos urbanos. Los pobladores de las regiones que compartían frontera con al-Ándalus recibieron privilegios por considerarse que eran zonas peligrosas.
  • El Camino de Santiago: se llevó a cabo una repoblación con francos, siendo su principal cometido el de ayudar a los peregrinos que viajaban hasta la actual capital de Galicia. Por realizar esta tarea, también recibían privilegios por parte del monarca.
  • La Mancha y Extremadura: se repobló gracias a las órdenes militares, a las que se les concedía extensas tierras por su ayuda durante la conquista.
  • Andalucía, Extremadura y Aragón: se empleó el sistema del repartimiento, que podían ser donadíos (reparto de grandes extensiones de tierra entre la aristocracia laica y eclesiástica) y heredamientos (reparto de pequeños lotes de tierras entre auténticos pobladores, es decir, personas que iban a vivir en ellas, caso de caballeros de linaje y villanos). Esto provocó el nacimiento de grandes latifundios que finalmente se convirtieron en feudos.
  • Castilla y León: en el siglo XIII, se produjo una emigración hacia el sur, siendo las tierras libres absorbidas por la aristocracia militar y eclesiástica y por las ciudades o municipios.

Expansión de los reinos cristianos

Debido a la pujanza de los reinos cristianos, los musulmanes de la península pidieron ayuda a los almorávides, que eran los musulmanes que se encontraban en el norte de África.

A éstos les sucedieron los almohades y, aunque parecía que su presencia conseguía frenar la Reconquista, finalmente fueron derrotados en la batalla de las Navas de Tolosa (año 1212).

El avance cristiano era imparable y los musulmanes se quedaron únicamente con el reino nazarí de Granada, que le pagaba tributos a Castilla para poder mantener su independencia.

Finalmente, los Reyes Católicos iniciaron en 1482 la guerra de Granada, que culminó en 1492 con la definitiva conquista de la ciudad. Con ello se certificaba el fin de la Reconquista.

Características de los reinos cristianos

Características políticas de los reinos cristianos

Imperaba el feudalismo, lo que quería decir que, a cambio de tierras, los nobles le pagaban un homenaje al rey y le suministraban los hombres necesarios para llevar a cabo las guerras. Tanto los señores feudales como el clero alcanzaron grandes cotas de poder.

Posteriormente aparecieron los parlamentos, llamados Cortes, siendo su tarea la de aconsejar al monarca sobre asuntos relacionados con los impuestos y las nuevas leyes. Los integrantes principales de esta curia regia (consejo real) eran la nobleza y el clero.

En las ciudades, que disponían de sus propias leyes e impuestos, existía un representante que era elegido por los habitantes del lugar. En un principio esta persona se escogía por una asamblea de vecinos, pero posteriormente se seleccionaba por un grupo más reducido de individuos (caballeros en Castilla y comerciantes en Aragón).

A partir del siglo XII, estos representantes de las ciudades también se incorporaron a las reuniones de las Cortes (eran conocidos como las gentes del común). Éstas diferían según los reinos:

  • Castilla: eran únicas y su labor se limitaba a aprobar los nuevos tributos.
  • Aragón: cada región tenía sus propias leyes (Aragón, condados catalanes, Valencia, Mallorca), siendo necesario su voto para proceder a la aprobación de las leyes.

Características económicas de los reinos cristianos

La agricultura era el sostén de la economía, motivo por el cual la mayoría de la población vivía en el campo. Pero, ¿qué se cultivaba en los reinos cristianos?

  • Tierras de secano: cereal, vid y olivo.
  • Tierras de regadío: frutas y hortalizas.

La ganadería tendría mucha relevancia en Castilla, siendo transhumante (en invierno, el ganado se desplazaba hacia las zonas más cálidas del sur, mientras que en verano lo hacía hacia el norte).

Conviene apuntar que Castilla dominó el comercio de la exportación de lana (Aragón hizo lo propio con el aceite, el vino y la artesanía).

En un principio, las ciudades eran pequeñas y se utilizaban como bases militares. Por este motivo, el número de artesanos era bastante reducido, de ahí que los objetos de lujo se adquisiesen a los musulmanes.

Las ciudades se fueron haciendo cada vez más grandes y los artesanos aprendieron nuevas técnicas y habilidades. De hecho, se crearon asociaciones de ayuda mutua (cofradías en Castilla y gremios en Aragón).

A medida que los reinos cristianos fueron recuperando territorios que con anterioridad había conquistado el Imperio islámico, la economía empezó a crecer y a hacerse más sólida que la de al-Ándalus.

Dependiendo del reino, el comercio se expandió hacia el Atlántico e Inglaterra (Castilla) o hacia el Mediterráneo (Aragón). Además, los reinos de taifas empezaron a pagar tributos a los reinos cristianos.

Características culturales de los reinos cristianos

Durante el siglo XII, Toledo se convirtió en el centro cultural de los reinos cristianos. Así, se tradujeron del árabe al latín las obras clásicas que los musulmanes habían llevado a al-Ándalus, de tal modo que sirvió para recuperar y difundir por el resto de Europa un conocimiento que se había perdido a causa de las invasiones bárbaras (se podría decir que estábamos ante la antesala del Renacimiento).

Aparecieron también los primeros escritos en castellano y en otras lenguas romances. Asimismo, en el siglo XIII se fundaron las primeras universidades españolas, caso de las de Salamanca y Valladolid.

Arte en los reinos cristianos

Arte mozárabe

Lo utilizaron los cristianos, pero tenía influencias del arte musulmán. Las iglesias, por ejemplo, se construyeron con arcos de herradura, cubriéndose los techos con madera.

Arte mudéjar

Era el que usaban los musulmanes que vivían en tierras cristianas o por cristianos que se sentían atraídos por el arte islámico. Se inició en el siglo XII, siendo autóctono y exclusivo del mundo hispano.

En el arte mudéjar se fundieron los estilos cristianos, caso del románico y del gótico, con materiales y elementos decorativos característicos de al-Ándalus. Así, se emplearon el arco de herradura y otras influencias islámicas en las construcciones destinadas al culto del cristianismo (iglesias, capillas) o incluso en sinagogas judías.

Aparte de en edificaciones religiosas, también se pudo ver en palacios, fortificaciones, murallas y puertas. Sus características fueron las siguientes:

  • Materiales: ladrillo (en muros y pilares), madera (techos) y yeso (elementos decorativos). Es decir, hablamos de materiales pobres.
  • Elementos decorativos: arcos ciegos (de finalidad estética), sebka (redes de rombos) y decoración en forma de pez.

Personajes históricos de la Reconquista

Don Pelayo

Fue el primer monarca del reino de Asturias y, aunque no se puede afirmar con total seguridad, se cree que se trataba de un visigodo (otras fuentes apuntan a que estaríamos ante un astur hispanorromano).

Frenó el avance de los musulmanes en la cornisa cantábrica, a los que derrotó en la batalla de Covadonga para posteriormente hacerse con el control de Gijón. Se desconoce la fecha de su nacimiento, pero sí se sabe que falleció en el año 737.

El Cid

De joven, Rodrigo Díaz de Vivar lideró el ejército de Sancho II de Castilla y consiguió numerosas victorias en el campo de batalla. Tras el asesinato de este rey, se incorporó a la armada de Alfonso VI de León (hermano de Sancho II y contra quien había combatido en el pasado).

En un principio, las relaciones de ambos fueron muy buenas, pero luego se agriaron y fue desterrado. Prestó entonces sus servicios militares a un reino de taifa, en concreto al rey de Zaragoza.

En el año 1094 se hizo con Valencia y, aunque reconoció a Alfonso VI como su rey, en realidad pasó a convertirse en el verdadero señor de la ciudad. En 1097, los almorávides quisieron tomar Valencia, pero El Cid consiguió derrotarlos.

Su muerte se produjo en el año 1099, convirtiéndose en un héroe e inspirando una de las obras anonimas más reconocidas de la literatura española: el Cantar de mio Cid.

Referencias:

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