Hebreos

La Edad Antigua fue un periodo histórico sumamente belicoso; frecuentemente, ciudades eran invadidas, conquistadas o destruidas por completo.

Ante tal beligerancia, y siendo, en muchas ocasiones, víctimas de la misma, los hebreos, un pueblo pequeño y de escaso poder militar, logró sobreponerse a cada calamidad gracias a una poderosa convicción: creer firmemente ser el pueblo escogido por Dios.

Ubicación geográfica de los hebreos

No se sabe con exactitud la extensión territorial de la civilización hebrea, pues, probablemente, esta sufrió numerosos cambios tras el ascenso y la caída de los distintos reinos hebreos.

Mapa de los hebreos
Mapa de los dos reinos hebreos alrededor del año 830 a. C. Imagen de Wikipedia.

A pesar de ello, se cree que su ubicación geográfica comprendía parte o la totalidad de los actuales Estados de Israel y de Palestina.

Origen de los hebreos

El origen y la memoria del pueblo hebreo se encuentra en el libro más leído de la historia: la Biblia. Por tal motivo, para efectos de este artículo se expondrá la historia de los hebreos tomando como fuente lo escrito en la Biblia y la tradición oral de los descendientes aún vigentes de dicha civilización y cultura: el pueblo judío.

Hacia el año 1900 a. C., Abram, un hombre oriundo de la ciudad de Ur Kaśdim, tras sellar un pacto con Dios recibe el nombre de Abraham, junto a la promesa de una vasta descendencia y unas tierras para su pueblo.

Así pues, Abraham, tras reunir a todo su pueblo, emprendió un largo viaje hacia Canaán, las tierras que le habían sido prometidas por Dios.

Sin embargo, dada la posición estratégica de dichas tierras, así como su fertilidad, Canaán despertó también el interés de dos de los reinos más poderosos de la época: Egipto y Babilonia, por lo que no sería nada fácil para los hebreos asentarse en aquella región.

Historia de los hebreos

Los patriarcas

Abraham fue el primer patriarca de los hebreos. Este título era atribuido a la cabeza religiosa y jurídica del pueblo hebreo, y era de carácter vitalicio y hereditario; es decir, cuando un patriarca moría, este era sucedido por su primogénito.

Abraham repudia a Agar e Ismael
Abraham repudia a Agar e Ismael, pintura al óleo de Guercino (año 1657).

Tras la muerte de Abraham, Isaac le sucedió como patriarca y, después, este fue sucedido por Jacob, también llamado Israel, quien se hizo famoso por su numerosa descendencia.

Tiempo después, los doce hijos de Jacob se convertirían en los patriarcas de las doce tribus originarias del pueblo de Israel: aquel que sigue las enseñanzas y los preceptos de Dios.

José y el faraón

José, el menor de los doce hijos de Jacob, poseía una gran virtud: experimentaba visiones del futuro en sus sueños, como si de una premonición se tratase; asimismo, podía interpretar los sueños de otras personas.

Un día, tras contarles a sus hermanos uno de sus sueños, en el cual estos le reverenciaban, José sentaría, inocentemente, las bases de su destierro. Sus once hermanos lograrían engañarle y arrojarlo a un pozo para, posteriormente, venderlo a una caravana de comerciantes que iban hacia Egipto.

Estando en Egipto, José sería comprado por Putifar, el ministro del faraón, quien lo empleó como mayordomo. Con el pasar de los días, la esposa de Putifar comenzó a sentirse atraída por José, por lo que intentó seducirlo; sin embargo, este rehusó a ceder ante sus insinuaciones.

Como represalia, la esposa de Putifar lo acusó de violación, resultando ello en la encarcelación injusta de José. Durante su estancia en la cárcel, se labró una reputación entre los prisioneros y carceleros por su habilidad para interpretar sueños.

Esta habilidad o don llegaría a los oídos del mismismo faraón, quien, preocupado por un extraño sueño, ordenó que le trajesen a José para que lo ayudara a interpretar su sueño.

Tal y como fue ordenado, José fue llevado ante el faraón, quien, frustrado por la incapacidad de los sabios egipcios para interpretar su extraño sueño, decide contárselo. Luego de escuchar atentamente al faraón, José explica al faraón el significado de su sueño: un periodo de hambruna estaba por azotar a la región.

La interpretación de José del sueño del faraón cautivó de tal manera a este último, que decidió nombrarle virrey de Egipto; incluso le otorgó como esposa a Asenet, la hija de Putifar, quien había sido anteriormente la dueña de José.

Egipto: cautiverio y éxodo

Cuando llegaron los años de hambruna y carencia de los cuales José había advertido al faraón, Egipto pudo sobrevivir sin problemas; sin embargo, las regiones aledañas, incluida Canaán, no se habían preparado para tal calamidad.

Desesperados por el hambre, Jacob, junto a toda su vasta descendencia, acudió a Egipto siguiendo los designios de Dios. José los recibió, y tal como había soñado años atrás, sus hermanos y padres le reverenciaron.

 José se presenta a sus hermanos
José se presenta a sus hermanos, fresco de Peter von Cornelius (años 18161817).

A pesar del mal trato que José había recibido de sus hermanos, no solo decidió perdonarlos, sino que les protegió y dio bienestar durante su estancia en Egipto.

Años después, tras la muerte de José y el ascenso al trono del siguiente faraón, los hebreos pasaron de ser un pueblo protegido por Egipto a uno esclavizado por dicho Estado.

Este periodo de esclavitud duró 210 años, llegando a su fin gracias a las acciones de Moisés, su cercanía con Ramsés II y el temor sugestivo infundido por Dios a través de la diez plagas de Egipto.

Tras huir de Egipto y sobrevivir a la persecución egipcia, los hebreos deambularon por el desierto durante cuarenta años, recibiendo en algún punto de dicho periodo las Tablas de la Ley, aquellas inscripciones que contenían los Diez Mandamientos (una serie de preceptos que se convertirían en el código de conducta y religioso de todos los hebreos).

Israel: jueces y reyes

Luego de haber vagado durante cuarenta años en el desierto, los descendientes de las doce tribus de Israel, finalmente, llegaron a la tierra prometida: Canaán. Sin embargo, esta región era sumamente codiciada por las tribus aledañas, por lo que se vieron obligados a luchar constantemente contra madianitas, amonitas y filisteos.

Cansados del embate de las tribus vecinas, los hebreos clamaron a Samuel, el último de los jueces hebreos, un rey fuerte y capaz de combatir a todas las tribus enemigas.

Después de consultarlo con Dios mismo y recibir de este algunas advertencias respecto a la creación de un Estado, Samuel ungió a Saúl como el primer rey de Israel. A partir de entonces, los hebreos serían conocidos como israelitas.

Como monarca, Saúl destacó por sus exitosas campañas militares contra los amonitas, moabitas y filisteos, a los cuales logró derrotar en numerosas ocasiones.

Saúl sería sucedido por David y este por su hijo, Salomón, a quién se le atribuye la autoría de tres libros de la Biblia: Eclesiastés, Proverbios y Cantar de los Cantares; asimismo, se le atribuye la construcción del primer Templo de Jerusalén, más conocido como el Templo de Salomón.

A pesar de haber escrito personalmente tres libros del Antiguo Testamento, Salomón se pervirtió en su vejez a tal punto que el Reino Unido de Israel pasó de ser una monarquía guiada por preceptos divinos a ser una monarquía guiada por instintos y caprichos humanos.

El rey Salomón con sus esposas
El rey Salomón con sus esposas, obra de Giovanni Venanzi (año 1668).

En consecuencia, tras la muerte de Salomón el Reino Unido de Israel se fraccionaría en dos:

  1. El Reino de Israel, en el norte.
  2. El Reino de Judá, en el sur.

Invasiones y destierros

Durante cientos de años, los dos reinos hebreos, Israel y Judá, fueron azotados continuamente por los reinos vecinos hasta, finalmente, caer derrotados.

Así, Israel caería derrotado en el año 720 a. C. ante el ejército del emperador asirio Sargón II, expulsando a los hebreos de allí a otras regiones.

A pesar de mantenerse vigente durante más años, el Reino de Judá compartió el mismo destino que el de Israel, cayendo derrotados ante las fuerzas del rey de Babilonia, Nabucodonosor II, en el año 586 a. C.

Sin embargo, estos no solo serían derrotados, sino que, además, serían llevados a Babilonia. Este periodo histórico de los hebreos es recordado como el destierro en Babilonia, exilio babilónico y/o cautiverio de Babilonia.

El regreso de Babilonia

Durante los años de duración de la primera diáspora hebrea, las diferencias entre los hebreos de los reinos de Judá e Israel se aminoraron considerablemente.

Gracias al avance y las conquistas del ejército persa, el pueblo hebreo, ahora llamado pueblo judío, pudo volver a la ciudad de Jerusalén. Tras su regreso, se dedicaron a reconstruir el templo de Jerusalén y abandonar la beligerancia propia de las monarquías israelitas anteriores.

La Gran Diáspora

A pesar de intentar mantenerse aislado de los reinos y tribus de la región, los hebreos continuaron recibiendo el embate de distintas invasiones enemigas, dentro de las que destacan la griega, ordenada por Alejandro Magno a finales del siglo IV a. C., y la romana, iniciada por Pompeyo en el año 63 a. C.

Luego de haber permanecido casi cien años bajo el yugo romano, el pueblo judío de la provincia de Judea decidió levantarse en armas contra las poderosas legiones del Imperio romano en el año 66 d. C.

Esta contienda bélica, conocida como la primera guerra judeo-romana, se extendió desde el mencionado año 66 d. C. hasta el año 73 d. C. y fue una de las tres grandes rebeliones judías en contra del Imperio romano

Los infructuosos intentos de sublevación por parte del pueblo judío trajeron como consecuencia la destrucción de Jerusalén y las principales fortalezas judías, y, además, provocaron la muerte de más de 2 millones de judíos y el desplazamiento y la dispersión de casi toda la población judía por África, Europa y Asia.

Características de los hebreos

Características sociales de los hebreos

En términos sociales, los hebreos se caracterizaron por ser una civilización sumamente patriarcal. El grupo familiar era el núcleo principal de la organización social de la civilización y el padre de cada familia era la máxima autoridad social en su núcleo familiar correspondiente.

Vestimentas de los hebreos
Vestimentas de los hebreos según una ilustración de Tancredi Scarpelli (finales del siglo XIX o principios del siglo XX).

Inicialmente, los hebreos fueron una civilización nómada que vivía en tiendas transportables y se dedicaban al pastoreo de ovejas y cabras por Oriente Próximo.

Sin embargo, luego de que Abraham recibiese de Dios la tierra prometida, los hebreos se asentarían en la antigua región de Canaán. Estando allí, cambiaron sus antiguas tiendas por casas de piedra, dando inicio a la civilización hebrea.

Características políticas de los hebreos

Dada la naturaleza, en extremo, agitada y dinámica de la civilización hebrea, sus características políticas no siempre fueron las mismas. Así, por ejemplo, durante la edad de los patriarcas, los hebreos eran dirigidos por estos últimos (Abraham, Isaac y Jacob): hombres de gran experiencia y sabiduría.

Asimismo, tras el regreso a Canaán, el pueblo hebreo sobreviviente a la travesía por el desierto sería guiado por los jueces, a quienes, al igual que a los patriarcas, se les consideraba hombres expertos, sabios y muy cercanos a Dios.

Hacia el siglo XI a. C., cuando el embate incesante de las tribus y reinos aledaños alcanzó su punto álgido, los hebreos clamaron a Samuel, el último de los jueces, un rey. Este último accedería tras haber recibido el beneplácito de Dios mismo, dando inicio, de esta manera, al Reino Unido de Israel: una monarquía teocrática, vitalicia y hereditaria.

Tras la muerte de Salomón, el Reino Unido de Israel se dividiría en dos reinos independientes: el Reino de Juda, en el sur, y el Reino de Israel, en el Norte (cada uno, con sus propias leyes).

Siglos después, Israel y Judá caerían ante los asirios y babilónicos, respectivamente, y, si bien lograron volver a Canaán gracias a los persas, abandonarían la beligerancia de los gobiernos predecesores, convirtiéndose en un territorio aislado y neutral.

Finalmente, los hebreos serían conquistados por los helenos y, después, por los romanos, convirtiéndose en un Estado cliente o, más bien, sometido por los mismos, por lo que su independencia política era nula o inexistente.

Por tal motivo, se suele exponer únicamente las características políticas de los hebreos durante la edad de los patriarcas, jueces y reyes; ya que, durante estos periodos, experimentaron verdadera independencia y autonomía política.

Características económicas de los hebreos

La principal actividad económica de los hebreos era la agricultura y la ganadería. En este sentido, no eran muy diferentes de las civilizaciones de reinos y tribus cercanas de Oriente Próximo.

Sin embargo, dada la naturaleza de sus preceptos religiosos y la importancia histórica y cultural de los mismos para los hebreos, esta civilización solo cazaba, consumía y comerciaba unos pocos animales terrestres.

Así pues, solo estaba permitido el consumo de animales que tuviesen pezuñas hendidas y fueran rumiantes, como, por ejemplo, las ovejas, las cabras, los ciervos y las vacas; mientras que, por el contrario, se prohibía rotundamente el consumo de cerdos, conejos, liebres, perros, camellos y caballos, así como el consumo de aves como el águila, el buitre y el avestruz. A pesar de dichas prohibiciones, los hebreos utilizaban camellos, caballos y bueyes en sus labores de pastoreo.

Por otro parte, la antigua región de Canaán era una zona geográfica sumamente importante en términos comerciales, ya que, si una caravana egipcia quería dirigirse a Mesopotamia o viceversa, antes debía atravesar los asentamientos hebreos.

Se sabe que este contacto obligatorio era aprovechado por los hebreos para exportar metales preciosos, aceites, vinos y especias exóticas.

Características religiosas de los hebreos

Sin duda, la principal característica religiosa de los hebreos fue su acérrimo monoteísmo, una postura religiosa que despertó el interés de los romanos y que causó una profunda indignación en los antiguos helenos y su extenso panteón de deidades.

Para los hebreos solo podía existir un dios, por lo que no había cabida para la adoración de otras deidades, pues, desde su perspectiva, su Dios, quien se les presentó a los hebreos bajo el nombre de YHWH (transliterado como Yahvé o Jehová), era un dios celoso; uno que exigía exclusividad absoluta.

En términos generales, la conducta social y religiosa de los hebreos estaba fusionada de tal manera que parecía imperceptible. En este sentido, la civilización hebrea se regía netamente por sus preceptos religiosos, desde los actos más ordinarios, como el descanso o la alimentación, hasta los más espirituales, como la forma correcta de adorar y honrar a su dios. 

Referencias:

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